Celda 211: Aquí también se hace buen cine… de vez en cuando

Nov 13

Esta semana tenía dos opciones para ver: Celda 211 y The Box. Vamos a darle una oportunidad al cine nacional –pensé- y creo que acerté. Vamos, que mucho me tendría que gustar The Box, que también quiero ver para superar a Celda 211.

Y es que de vez en cuando aquí también se hacen buenas películas, que no tienen nada que envidiar a las americanas.

Esta es muy aprovechable, y durante las casi dos horas que dura, que no se hacen pesadas, por cierto, consigue mantener al espectador expectante. Puestos a ponernos exigentes quitaría los dos primeros minutos, lentísimos, en contraste con el resto de la película.

El argumento es el siguiente: Juan Oliver, alias “Calzones” (interpretado por Alberto Amman) un funcionario, que debe incorporarse al día siguiente a un puesto en la prisión, visita la cárcel para conocer su nuevo lugar de trabajo y compañeros.

Este hecho marcará definitivamente su vida, pues queda encerrado, o más bien abandonado, en la galería de los presos más peligrosos cuando se desata un motín. A partir de ahí tendrá que hacerse pasar por uno de ellos para poder sobrevivir (sí, vale, he contado algo del argumento, pero menos de 15 min)

La ambientación es muy buena. Supongo que habrán aprovechado alguna cárcel antigua en desuso, y los secundarios parecen auténticos reclusos: bocas destrozadas, diversidad racial,…)

Pero desde luego lo más destacable de la película es el personaje de Malamadre, en el que Luis Tosar se crece, y recrea. Parece que le gusten estos papeles de “Malote”, en los que puede aprovechar un físico bastante rotundo y una voz, que si ya de por sí es cavernosa, pone todavía más profunda.

Amman, al que no conocía, también está muy convincente. Su personaje también es muy interesante. Tiene gran carga dramática y su metamorfosis progresiva es sorprendente.

Malamadre es el líder del motín. El preso más peligroso de la cárcel, y al que todos temen y respetan. Juan, bautizado por Malamadre como “Calzones”, establece una relación especial con él, pues intuye que de él depende su supervivencia.

El motín, que en principio va a ser reprendido duramente, cambia radicalmente al tomar un cariz político. A partir de aquí, los directivos de la cárcel, y todos los políticos que envían a negociar empiezan a preocuparse más de las apariencias, y de salvar sus culos, que de solucionar el problema o ayudar a los suyos.

Frente a esta postura cobarde está la del funcionario de vuelta de todo, violento, y que intenta solucionar las cosas a su manera: Utrilla, interpretado por un muy buen Antonio Resines, que demuestra que sabe hacer algo más, que su monopapel de “Los Serrano”. Este, a pesar de tener buenas intenciones, y demostrar más valor que todos sus superiores, que no se atreven a mover un dedo, también deja un sabor agridulce.

El director de la peli, que no se posiciona acaba criticando tanto la actitud en plan “Llanero Solitario” de Utrilla, como la pasividad y la mediocridad de los políticos, que quedan verdaderamente mal. En contraste, aparentemente, los presos resultan casi más honrados y solidarios entre ellos. Es un buen juego para que el espectador decida entre el bien y el mal, y donde están los límites de la conducta aceptable por el tan nombrado “Bien común”. A mí, personalmente, un comportamiento así de cualquier gobierno me parecería vergonzoso.

El guión está muy conseguido, equilibrado y mantiene, a pesar de ser el escenario algo limitado, mantener al espectador en vilo y en tensión.

La película tiene algo de violencia, para algunos puede que excesiva, y hay sangre, aunque no es algo exagerado, teniendo en cuenta la temática.

Al final, no acaba quedando claro quien es el bueno y quien es el malo, pues en ambos bandos hay héroes y traidores. La postura de la dirección es hasta amoral, y no dudan en recurrir a la traición o la negociación con la escoria para llegar a una solución conveniente política.

Eso sí, el interés se mantiene hasta el último momento, y el final, del que evidentemente no daré detalles, a mi me pareció muy coherente.

En conclusión una película muy recomendable, que creo gustará igual a público y crítica. El director, Daniel Monzón, creo que tiene algo de ventaja, pues fue uno de “ellos” (hace muchos años era uno de los críticos habituales de “Días de Cine”). Si se hicieran más películas así en España, creo que otro gallo nos contaría, y no nos lo pensaríamos tanto antes de ir a ver pelis españolas.

Puntuación: 8 (Ojalá, pudiera poner más veces esta nota al cine español)

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