Invictus: Una gran historia, donde la realidad supera a la ficción

Jan 31

Hay veces en la que la realidad supera a la ficción. Historias que ni los mejores guionistas podrían superar. Invictus, la última película del, cada vez más grande, Clint Estwood –que diferencia de su rol como actor, uno más del montón, al de director, donde es uno de los grandes— nos cuenta esta historia.

Los orígenes de este proyecto parecen ser los siguientes: Morgan Freeman, buen amigo de Eastwood, adquiere para el cine -incluso antes de su publicación- los derechos para el cine de la novela  de John Carlin book “Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Changed a Nation”, que supongo vio el potencial de la historia y la ha llevado a la gran pantalla.

La historia, de la que supongo habréis oído o leído, es la siguiente: A principios de los 90, cuando Mandela es liberado, y poco después elegido presidente de Sudáfrica, se encuentra con un país fracturado, al borde de la Guerra Civil, donde una minoría blanca controla instituciones como la policía la banca y la economía; mientras que la minoría negra, después de décadas de “apartheid” aspiraba a cambiar muchas cosas.

Mandela, -interpretado de manera magistral por Morgan Freeman, que es uno de los más serios candidatos al “Oscar” por este papel-, figura que queda reflejada como un estadista con visión de futuro, se da cuenta de que de no encontrar un motivo de unión, y orgullo, la situación puede acabar bastante mal -y ejemplos no faltan de países que en África acabaron muy mal por un proceso mal llevado de transición: Zimabawue, Namibia…, que nunca se recuperaron y entraron en una espiral cada vez mayor de pobreza y miseria. Así ve en la organización del Mundial de Rugby del 95 una oportunidad para unir al país.

El tema era muy complicado. El rugby era el deporte de los “Afrikaners”, la minoría blanca, que había gobernado durante décadas. Algo casi sagrado, y exclusivo de ellos. La población negra prefería, como símbolo de oposición un deporte como el fútbol, y odiaban a la selección de Rugby, “Los springbox”, con su propia camiseta, verde y dorada, e himno. Incluso cuando jugaban estos, la anécdota la cuenta el propio Mandela, siempre iban con el contrario –espectacular la escena donde esto queda patente a poco más de un año del inicio del mundial.

Mandela se pone en contacto con François Pienaar, interpretado por Matt Damon, que también está muy bien –a pesar de ser bastante más pequeño que el Piennar verdadero –, Capitan del equipo nacional, para hacerle ver la importancia que tendría para el país que el equipo fuera capaz de ganar, tarea por otra parte muy complicada, ya que el equipo había perdido gran parte de su nivel, al no haber podido participar durante años en competiciones internacionales, debido al boicot internacional por la política del apertheid. La victoria podría unirlos como nación.

Éste comprende la importancia de su misión y, como líder del equipo, intentará concienciar, y motivar, a sus compañeros, para además de entrenar, llevar el rugby a todo el país, especialmente a la población negra que lo desconoce, en esos momentos únicamente había un jugador negro en la selección, Chester Williams, con el que se ha contado como asesor para la película.

A pesar de las reticencias de algunos, que incluso no aprueban el nuevo himno nacional, la misión va calando poco a poco, hasta convertirse en un equipo que será capaz –y esto es historia, no un “spoiler”— de sobreponerse a las adversidades y en un final épico batir a los míticos, y prácticamente invencibles, “All Blacks” neozelandeses.

La película toma su nombre de un poema que Mandela entrega, en persona, en una visita sorpresa al equipo,antes del mundial a Pienaar. Poema que él leía durante todo su cautiverio, para sobreponerse a la adversidad, muy emotiva también la escena –y que al parecer es real— de la visita de la selección a la cárcel donde Mandela estuvo preso.

El poema, que reproduzco a continuación, gracias a la inestimable ayuda de la Wikipedia, y con la versión de la película, que es la mejor traducción que he encontrado después de buscar alguna por Internet, es el siguiente:


 

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

En la noche que me envuelve,
Negra como un pozo insondable,
Doy gracias al Dios que fuere,
Por mi alma inconquistable

En las garras de las circunstancia,
No he gemido ni llorado,
Ante las puñaladas del azar,
Si bien he sangrado, jamás me he postrado

Más allá de este lugar de ira y llantos
Acecha la oscuridad con su horror
No obstante la amenaza de los años,
Me halla y me hallará sin temor.

Ya no importa cuan recto haya sido el camino
Ni cuantos castigos lleve a la espalda
Soy el amo de mi destino
Soy el capitán de mi alma

El poema, precioso por cierto, es desgraciadamente, un recurso narrativo no real, pues según he leído lo que verdaderamente le dio Mandela a Pienaar fue un fragmento de un discurso “The Man in the Arena” de Teddy Roosvelt que reproduzco a continuación.

“It is not the critic who counts; not the man who points out how the strong man stumbles, or where the doer of deeds could have done them better. The credit belongs to the man who is actually in the arena, whose face is marred by dust and sweat and blood; who strives valiantly; who errs, who comes short again and again, because there is no effort without error and shortcoming; but who does actually strive to do the deeds; who knows great enthusiasms, the great devotions; who spends himself in a worthy cause; who at the best knows in the end the triumph of high achievement, and who at the worst, if he fails, at least fails while daring greatly, so that his place shall never be with those cold and timid souls who neither know victory nor defeat.”

Que traducido, en parte por el Google, y en parte libremente, por mí, vendría a decir:

“No es el crítico que cuenta, ni el hombre que señala cómo tropieza el hombre fuerte, o cuando el creador de los hechos podría haber hecho mejor. El crédito pertenece al hombre que está realmente en la arena, cuyo rostro está desfigurado por el polvo, el sudor y la sangre, que se esfuerza con valentía, que se equivoca, que se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error y deficiencia; pero que realidad se esfuerzan por hacer las obras, quién sabe grandes entusiasmos, las grandes devociones, que pasa a sí mismo en una causa digna; quien en el mejor de los casos conoce el gran triunfo, y que en el peor, si fracasa, fracasa habiendo puesto lo mejor, de tal manera que su lugar nunca estará con esas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

Siendo también bastante bueno, es, ciertamente menos emotivo.

Eastwood nos sigue demostrando que es un gran director. Vale que la historia es muy buena, pero no se pierde en las disquisiciones metafísicas, en las que podrían haber caído otros, recreándose. No, cuenta la historia y esta por si sola te acaba impregnando Te das cuenta de las diferencias a partir de escenas que con una gran naturalidad reflejan la tensión: los negros animando a los rivales del rugby; los blancos empaquetando en el palacio presidencial cuando creen que Mandela los barrerá; el odio soterrado, y las ansias de vengaza que Mandela tiene que aplacar, cuando quieren hacer desaparecer los símbolos “springbox”; la negativa, incluso de parte de la familia de Mandela al cambio; los agentes de confianza de Mandela, que no se fían de los profesionales del servicio secreto que van a ser sus nuevos compañeros y otras tantas, hasta que al final todos se emocionan juntos por el logro, que hacen suyo. Memorable la frase de Pienaar cuando lo entrevistan al acabar el partido.

La narración es fluida, y las escenas de rugby están muy conseguidas, por lo menos para alguien no experto, y supongo que no aburrirán demasiado a los que no les guste este deporte. La música, suave y como en casi todas las películas de Eastwood compuesta por su hijo, ayuda a hacer fluir la historia. Además, se han incluido ritmos típicos del páis

Es una lástima que no se hagan demasiadas películas en las que el deporte sea el protagonista, pues éste, al menos en su faceta amateur, es una gran fuente de valores positivos: compañerismo, solidaridad, espíritu de superación, sacrificio, que deberían estar presentes en nuestro día a día. Dejo la línea abierta para un futuro post, pues si no éste se eternizará.

En definitiva, una muy buena película, que no creo defraude. Totalmente recomendable, y que creo que no saldrá de vacío en los próximos Oscar.

Puntuación: 8

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One comment

  1. gracias por ayudarme

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