Up in the air: diferente a lo esperado

Jan 25

La primera vez que vi, en el cine, el trailer de la película pensé en la típica comedia romántica, genero que hemos comentado en este blog bastante últimamente, en la que Clooney demostraría que sigue teniendo la gracia que le falta a Grant o McConaughey, sobre los que también hemos hablado. A hacerme la idea contribuyó que supiera que estaba producida por Ivan Reitman (Poli de guardería, Los gemelos golpean dos veces, Seis días y noches, Junior), y dirigida por su hijo.

Pero después de haberla visto la verdad es que me ha sorprendido. La peli, sin llegar a ser un dramón, se acerca más a este género que al de la comedia romántica al uso. Por temática debería ser un buen drama –al fin y al cabo el trabajo de Clooney es bastante desagradable y traumático–; pero el encanto que tiene, y la gracia que le pone, lo dulcifican bastante.

El argumento, del que no intentaremos dar –como es habitual en este blog- demasiados spoilers es el siguiente:

Clooney es Ryan Binghman un profesional cuyo trabajo es el de despedir a gente que no ha visto, ni verá, más en su vida. Es bueno, tanto que sus servicios se requieren por todo el país. De ahí a que pase viajando unos 330 días al año.

Su filosofía de vida, de la que también da charlas ocasionalmente es sencilla: viajar con la mochila vacía. Es decir, lo mejor es no tener ningún tipo de ataduras, ni materiales, ni por supuesto emocionales. Por lo menos es coherente, y él se la aplica a rajatabla. Su vivienda se podría confundir con cualquiera de las habitaciones de hotel en las que prácticamente vive, y no tiene, ni quiere, ninguna relación estable.

De hecho su única meta en la vida es acumular millas de vuelo, hasta entrar en el más selecto club de los viajeros.

Así, para lo que la mayoría es estresante o deprimente: colas en aeropuertos, habitaciones impersonales en hoteles, coches de alquiler, cenas a solas, para él es la esencia de su vida.

Hasta que un día su vida se pone patas arriba cuando su empresa, a iniciativa de una joven promesa se propone cambiar todo el proceso, en un alarde, igual de tecnológico que de frío, para que los despidos se hagan por videoconferencia. De esta manera Jack tendrá que quedarse siempre en la base de su empresa Omaha, que a pesar de ser una de las capitales del Medio Oeste, es sólo la 40 ciudad de Estados Unidos –gracias Wiki–, por lo que todo su modo de vida se podría venir abajo.

Antes de esto, como última oportunidad Jack, que siempre ha viajado sólo, tendrá que llevarse a esta nueva promesa Natalie (Anna Kendrick) para que aprenda la profesión desde un punto de vista práctico.

Además, durante uno de estos viajes Jack ha conocido a una chica, Alex (Vera Farmiga), que es exactamente como él: viajera y sin ataduras, y con ningunas ganas de compromiso, a la que empieza a encontrarse por medio país.

A partir de ahí la situación evolucionará hasta que estos dos personajes femeninos, y una boda familiar a la que debe asistir, le hagan plantearse si toda esta filosofía es de verdad la correcta, o si debería dejar esta coraza y adoptar un modo de vida más convencional.

El reparto, exceptuando a Clooney, que está bien y tan convincente como casi siempre, es relativamente desconocido. Las otras dos actrices, desconocidas, al menos para mí, también resultan solventes, en especial Vera Farmiga, que llega a plantarle cara a Clooney. El otro rostro relativamente conocido es el de Jason Bateman, que últimamente parece que va encontrando su rol como secundario.

La historia es, por lo menos, diferente, y menos tópica de lo que parece a primera vista. Sin ser una cinta “sesuda”, sí que invita, al menos, a una reflexión final, que cada uno interpretará de manera diferente. De hecho, mi conclusión no tuvo nada que ver con la del resto de personas con las que la vi.

En definitiva una peli, que se deja ver.

Valoración: 6,5

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