Los “Intereses” de una vida sana

Feb 25

El tabaco y los malos hábitos alimentarios se han convertido, en este inicio del S XXI, en las “epidemias” que hay que combatir en los países desarrollados.

Por una parte es algo muy positivo, pues supone que como sociedad hemos avanzado, y controlado -por lo menos de momento- las verdaderas epidemias, que no hace tantos años eran auténticos peligros para la salud; y que salvo brotes esporádicos de epidemia, como el de la pasada gripe A, -que al final resultó ser, una vez, más una exageración por parte de los medios de comunicación y no una grave epidemia- no existen peligros inmediatos.

Por lo tanto, parece que es hora de empezar a controlar, y perseguir, hábitos, que podrán ser más o menos saludables, pero que están lejos de constituir, problemas sanitarios realmente graves.

Sé que meter en un mismo saco al tabaco y la mala alimentación es inexacto, pues sus efectos sobre el cuerpo son diferentes, así como las consecuencias de su abuso; que no todos los tumores de pulmón los causa el tabaco, ni todas las obesidades la mala alimentación, pero a efectos de la argumentación me gustaría tratarlos de manera conjunta.

Conste que, personalmente, no fumo y que intento comer “sano” para mantener mi IMC (Índice de Masa Corporal) dentro de los parámetros que se consideran normales; pero esto es una opción personal, que debe venir del convencimiento de cada uno, y no una imposición que venga de un bombardeo mediático, ni de unas leyes, que muchas veces rallan en la estupidez.

Y lo curioso del tema es que esta campaña en aras de la vida sana y de la tolerancia 0 ante al tabaco, al parecer, tiene unos intereses mucho menos altruistas de lo que en principio podríamos esperar.

El origen de estas campañas a favor de la vida sana, como muchas de las modas que se traen a Europa, fueron los Estados Unidos, donde últimamente ha llegado al máximo nivel –Michelle Obama, sin ir más lejos, se lo ha tomado como una cruzada personal- que, por supuesto la prensa está siguiendo últimamente.

Pero el origen de este primer interés me parece, cuanto menos, irónico y no habría que buscarlo en ninguna ONG ni asociación similar, que buscara el bienestar de la sociedad, sino en las grandes corporaciones médicas y aseguradoras americanas, a las que normalmente se presenta como justo lo contrario: entidades sin alma, que únicamente buscan enormes beneficios incluso a costa reducir el bienestar social.

Al parecer, hace unos veinticinco o treinta años, estas compañías -recordemos que el Sistema de Salud Americano es básicamente privado- empezaron a darse cuenta de que la incidencia de trastornos cardiacos, infartos y demás enfermedades derivadas del estrés estaban disparando sus costes de asistencia. Por otra parte, los pagos por Invalidez o fallecimiento que debían realizar las aseguradoras sobre personas relativamente jóvenes, y por lo tanto no previstos, comprometían, de continuar la tendencia, su propia estabilidad -por no hablar de sus beneficios-, que podía verse seriamente amenazada a medio plazo.

El tabaco y la obesidad fueron pronto identificados como causantes y agravantes, por ello se debía poner a funcionar toda su maquinaria, tanto a nivel de marketing, como de presión (lobbyng) para convencer, por una parte, a la población de lo malo de sus hábitos; y por otra a los políticos para que legislaran en contra de estos.

Imaginaros la potencia de estos lobbies para llegar a superar al del tabaco, tradicionalmente uno de los más fuertes y beligerantes.

Y así, el tabaco, que durante mucho tiempo fue síntoma de glamour y sofisticación, pasó a convertirse en el enemigo público número uno, y los fumadores fueron vistos cada vez más como apestados sociales e intolerantes.

En cuanto a la alimentación, todo lo asociado a la comida rápida, o la bollería industrial se fue convirtiendo en algo a evitar. De repente Mc Donald’s, Burger King, o el Bollycao (ahora al parecer es la culpa de la obesidad infantil) son algo peligroso, que hay que evitar a toda costa.

Como no podía ser de otra manera, estas modas cruzaron el charco, con algún tiempo de retraso, pero como somos más papistas que el papa vamos a superar ampliamente a los americanos, convirtiéndonos en auténticos cruzados en aras de la vida sana.

No estoy en contra de estos hábitos “sanos” sino en contra de que se nos tenga que imponer como pensar y, sobre todo de la doble moral. Por un lado se prohíbe fumar en bares, lugares de trabajo…, pero por otro lado se sigue recaudando, por los impuestos que gravan el tabaco miles de millones de euros al año. De hecho las cifras sobre recaudación por impuesto del último año en España hablan por si solas: 9.445m€ (7.725m€ como consecuencia del al Impuesto Especial sobre las Labores del Tabaco y 1.725 millones por IVA sobre el tabaco)

Es cierto que nuestro Sistema de Salud es público y es el Estado, y por lo tanto todos nosotros, los que cargamos con los costes extras de tabaco u obesidad, por lo que se argumenta que prohibamos, porque es mejor para el beneficio de la sociedad.

Pero si queremos hacer una argumentación seria, por lo menos desde el punto de vista económico, debemos tener en cuenta, por un lado los ingresos adicionales que provoca este grupo (en forma de impuestos, que ya hemos visto que son considerables) además del ahorro en forma de pensiones que no cobrarán (por tener una mortalidad mayor). Si estos ingresos son mayores que los costes derivados de la asistencia sanitaria en términos sociales podríamos hablar hasta de beneficio social. Esta argumentación es dura, y puede que muchos la consideren cínica, pero económicamente es indiscutible; y sigo pensando que estas elecciones deben ser por convencimiento personal y no imposición de “Papá Estado”.

Debemos ser lo suficientemente maduros para darnos cuenta de que si que nuestros hábitos pueden molestar a los de nuestro alrededor, o afectar a nuestra salud personal, no hacerlo; pero sin que haya ninguna ley que nos obligue porque sí. Si se nos obliga es tratarnos, a nivel social, como si fuéramos niños.

Y seamos coherentes, pues por ejemplo podemos ver casos como los que el talibán anti tabaco, en sus salidas nocturnas esté tan tranquilo en un bar lleno de humo y no le importe nada

Sé que, probablemente, he metido dentro de un mismo saco temas muy diversos, pero como conclusión me gustaría apuntar que no “compremos” todas las historias que nos quieren vender, aunque sea de manera edulcorada, y en aras del bien social, pues al final los intereses pueden ser mucho menos claros y más egoístas de lo que cabría esperar, por no hablar de auténticos señuelos para crear polémica y distraernos de temas más importantes.

Si has conseguido llegar hasta el final de este ladrillo, gracias, y por favor, opina.

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