La decisión de Anne: Dramón con dilema moral incorporado

Feb 02

La decisión de Anne es una de esas películas que no depararán demasiadas sorpresas en cuanto a lo que es: un dramón de inicio a fin.

Ya en los títulos de crédito se nos empieza a advertir: mientras que unos niños son fruto del azahar, o de unas cuantas copas; otros muy deseados y planificados; hay otros que vienen al mundo como “Bebés medicamento”, es decir, se conciben a propósito para intentar ayudar a otro hermano muy enfermo. Como veis, toda una declaración de intenciones.

Ese bebe medicamento es Anne Fitzgerald, una Abigail Perkins (Pequeña Miss Sunshine), que cada vez crece más, sobre todo como actriz, y que llega al mundo para intentar salvar a su hermana Kate, que padece una leucemia muy grave.

Esta enfermedad lleva a sus padres, Sara y Brian (Cameron Diaz y Jason Patrick), a concebir a Anne, que desde pequeña es “utilizada” para intentar salvar a su hermana, pues es un donante, de células madre y médula ósea totalmente compatible.

Hasta que un día Anne recurrirá a un abogado, Alec Baldwin –que cada vez parece adaptarse mejor a su nuevo rol, en el que ya no es un galán- para que la emancipe médicamente, pues la hermana de Anne, Kate, necesita un riñón para no morir y ella no quiere donarlo

Como veis, el argumento es duro, y plantea múltiples lecturas ¿Se puede obligar a un niño a dar un rinón, aunque sea para su hermana?, ¿Cómo puede un hermano negarle a otro la única posibilidad de vida?…

Este acto provocará el enfrentamiento de Anne con su madre, que como he dicho está interpretada por Cameron Diaz –hay que ver como pasa el tiempo, pues ya le tocan papeles de madre con hijos en edad adolescente— en el papel más dramático que le recuerdo, y que por cierto ejecuta con bastante solvencia. La madre, abogada, que deja su carrera por volcarse en los cuidados de su hija, no se lo toma nada bien. Su padre, un Jason Patrick también convincente, se toma las cosas de otra manera, pues quizás asume mejor lo inevitable: la enfermedad de Kate es incurable, lo que crea bastantes tensiones en el ambiente familiar.

Al final, la encargada de decidir será una juez -una Joan Allen, lejísimos del histrionismo al que nos tiene acostumbrados y que está perfectamente contenida- a la que la tragedia toca, si cabe más de cerca, pues recientemente ha perdido una hija de la edad de Kate.

El juicio será la parte central de la película, pero casi más como un recurso, a partir del cual recordar gran parte del desarrollo de la infancia y enfermedad de Kate, en una serie de flashbacks, que pueden resultar confusos –por favor que alguien me explique cuando se rapa Cameron Diaz-, por lo que la es más drama hospitalario que judicial, que es lo que a primera vista parecería.

El juicio será el que nos acabe dando la clave del misterio, que no desvelaré, pero que al final resulta bastante lógico.

La película, quitando la salvedad de algún flashbacks confuso, está bastante bien llevada. El director, y co-guionista, es Nick Cassavetes -también conocido por otro drama con gran presencia hospitalaria como John Q- no entra en amarillismo ni en juicios de valor. Simplemente cuenta la historia desde los diferentes puntos de vista: desde el desesperado, en plan “Madre Coraje” de Cameron Diaz; al más práctico, pero igualmente sufridor de Jason Patrick; a los más asépticos del Baldwin o Allen; sorprende un poco la madurez del personaje de Anne, quizás un poco forzada para una niña de tan sólo 11 años, pero el Talento de Abigail Perkins hace que no chirríe para nada.

Por lo que sin ser una película deslumbrante, se escapa del drama más cercano a un telefilme, y por lo menos puede invitar, aunque sea mínimamente a la reflexión moral.

Puntuación: 6,5 (sería de 5,5, pero el trabajo del reparto le sube la nota)

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