Campeones, Campeones, oé oé oé

Jul 12

Y la pelota, empujada con la rabia del que se sabe por encima del rival, del que está harto que lo frenen, de forma casi criminal, entró en la portería, y la locura se desató.

Se desató en el campo, con todos, incluidos los suplentes, que corrieron la banda para hacer la piña con el pobre Iniesta, que corría al córner, lleno de emociones, pero que mantuvo la serenidad para hacer su dedicatoria, personal y póstuma, a aquel amigo, Jarque, que ya no está.

Aquí, más de cuarenta millones de gargantas rugieron como nunca con alegría y también con rabia, pues esa era la sensación que teníamos después de ver cómo nos estaban masacrando. Jamás recuerdo tal cantidad de violencia consentida –por un árbitro permisivo hasta el límite de la estupidez- en un campo en un partido de primer nivel. Entradas que mas que una tarjeta roja lo que se merecían eran la deportación automática de Sudáfrica. Ante esa capitulación de una selección, que no hace tanto maravillo al mundo con un modelo que proponía jugar como lo hacemos nosotros ahora, y que pasará a la historia como un justo perdedor;  pero que estuvo a sólo dos minutos de llevarnos a la lotería de los penaltis- la selección hizo lo que pudo, dadas las circunstancias, sigo creyendo en su estilo y al final llegó el premio.

Esta vez tenía que ser, por todas aquellas que no fueron. Ya era hora de que todas las decepciones y lágrimas se convirtieran, por una vez, en risas y alegría.

Las calles se llenaron de aficionados y banderas. Sí, banderas, esas banderas que normalmente tantos complejos suscitan. Es increíble como algo tan normal en otros países aquí se ha convertido en algo proscrito. Maldita la hora en la que se hizo caso a la idea de que es algo “retrógado”, “facha” o cualquier tontería de esas. A ver si después de esta barremos parte de estos complejos y empieza a verse como algo habitual de lo que no haya que avergonzarse y se ven también más camisetas rojas.

La alegría duró horas, y la caravana de coches empezaba una y otra vez. Gritos de todo tipo y cánticos variados: “Campeones, Campeones”… “Yo soy español, español”… “Que viva España” que se repitieron durante horas.

Yo lo celebré con un puro, algo que sólo guardo para las ocasiones especiales, y con menos alcohol del que me hubiera gustado, pues hoy era lunes y tocaba madrugar y currar. Una putada, porque debe haber sido una noche espectacular, con toda la gente en las calles.

Y así, por unas horas nos hemos olvidado de la crisis económica, los millones de parados, y de una clase política –tanto gobierno como oposición- lamentable, aunque esta vez hay que reconocer que al menos tuvieron la decencia de quedarse en casa y no ir hasta al campo para salir en la foto.

A partir de mañana la euforia probablemente se vaya difuminando y se empiece con las tonterías y complejos de siempre o empiecen a surgir las voces que quiten méritos: que si este mundial ha sido “fácil”: El Brásil más flojo que se recuerda; una Argentina masacrada por un entrenador “divo”, justo lo contrario de la mesura y antiprotagonismo del nuestro; unos franceses que se autoexpulsaron; unos ingleses que no llegaron a ser un equipo…

También puede que se diga que nuestro juego no enamoró, como el de otras veces, y que la mayoría de los partidos, todos los de las eliminatorias se ganaron por 1-0, aunque nadie, excepto los alemanes –para mí los subcampeones morales, y un ejemplo a imitar, justo al contrario que los holandeses- nos haya intentado jugar de tú a tú, pues nos temían.

Se pueden decir muchas cosas, pero siempre habrá gente envidiosa que le quiera quitar mérito a algo como lo de ayer, que sólo aprenderemos a valorar en su justa medida conforme pase el tiempo.

A todos esos, envidiosos, les diría –aunque no me guste el tipo- lo de Maradona. Ya sabéis… Que la ch….

Y para nuestro nuestros rivales de ayer, como diría uno de mis personajes novelescos favoritos, el Capitán Alatriste: “A mí el Tercio, Pardiez, acabemos de una vez con esos herejes hideputas”

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