Anatema (Neal Stephenson)
Aug 08
Neal Stephenson es uno de los escritores más prestigiosos en el ámbito de la ciencia ficción actual.
En mi opinión, junto con Robert J Sawyer, del que hablamos cuando escribimos sobre la novela de Flashforward, Orson Scott Card, creador de la Saga de Ender y Dan Simmons, formarían el “Poker de Ases” del género y han sido asiduos nominados, y ganadores, de los premios más prestigiosos -Hugo, Locus y Nébula- en la ciencia ficción de los últimos años.
Mi experiencia con las novelas de ciencia ficción se inició con el Criptonomicon, que es la obra más conocida de Stephenson. Este libro me despertó la curiosidad en el género, y a partir de ahí conocí a los otros tres escritores. En total calculo que habré leído en los últimos diez años entre 35 y 40 novelas de ellos, la gran mayoría dentro de la editorial NOVA.
Uno de los posts, aunque tendrá que ser una serie, que tengo planeados es sobre la ciencia ficción y estos autores; pero eso es para otro día. Hoy vamos a hablar de la novela que da título al post.
Antes situaros un poco sobre Stephenson. Este escribe novelas tremendamente trabajadas, pero que son siempre bastante “tochas”. De hecho, el Criptonomicon en su versión original es un libro de cerca de 1000 páginas, que aquí se editó en tres partes, por problemas editoriales. Su original continuación, el ciclo barroco, son originalmente tres novelas, que aquí se publicaron en 8 partes.
Esto nos da una idea de la dimensión que suelen tener sus trabajos. Sin embargo Anatema se ha publicado toda de una, ocupando unas 700 páginas, pero con una letra bastante pequeña, y predominio de la narración sobre el diálogo.
A pesar de lo que me gusta el autor he de reconocer que es una novela densa a la que me ha costado “entrarle”, y que he tenido meses sin avanzar, probablemente porque no es el texto más adecuado para leer por la noche, ya que requiere estar algo “fresco” para poder seguirla.
La historia es una novela que podríamos definir diciendo: pon en una coctelera “El nombre de la Rosa”, añádele un poco de mundo salvaje al estilo “Mad Max”, un poco de “Encuentros en la tercera fase”, junto con nociones de matemáticas y filosofía, agítese todo, déjese reposar y ahí tenemos Anatema. Degustar reposado y sin prisas…
Aunque un poco exagerado esa es la idea. Lo primero que no nos sorprenda el título. Un Anatema es, según la RAE, una excomunión, una maldición o una condena divina. Sin embargo el libro no tiene como eje, ni mucho menos, la religión, sino la habría añadido a la receta anterior.
En un resumen algo más serio que el de la receta, esta sería, aproximadamente, y sin “spoilers”, la línea argumental.
En el planeta Arbre, después de una serie de revueltas que casi causan su extinción, el saber se concentra en los “avotos”, que viven recluidos en monasterios, aunque totalmente desprovistos del carácter religioso. Estos avotos dedican su vida al estudio y viven aislados del resto del planeta, relacionándose sólo con el resto del mundo cada diez años, en los que abren sus puertas para ver la relación del mundo y compartir el conocimiento con los otros monasterios.
Nuestro protagonista, fra Erasmas, es uno de estos avotos, que está a punto de vivir su primera apertura de puertas (Apert) desde que ingresó en el monasterio, lo que implica que debe elegir la orden a la que deberá dedicar el resto de su vida (y que básicamente se dividen entre estudiosos puros, vigilantes, o gente más próxima a la práctica). Sin embargo, todo esto se verá alterado con hechos alrededor de su maestro, que parece haber realizado un descubrimiento que pone incómodo al “Poder Secular”, que sería el equivalente al gobierno del planeta.
Su tranquila existencia se verá alterada, pues este descubrimiento implicará la convocatoria extraordinaria de todos los avotos más destacados para plantear soluciones a este descubrimiento, que podría implicar contactar con una civilización alienígena, de la que se desconocen las intenciones.
Seguir entrando en detalles le podría quitar gracia a quien quiera leer el libro. Sólo decir que su vida no será tan fácil, y que tendrá que enfrentarse, en un momento dado, al mundo exterior más de lo que se hubiera imaginado. Posteriormente, jugará un papel decisivo junto con la mayoría de sus fras y surs (la manera de referirse a las mujeres en los cenobios) en la resolución de la historia.
La historia no resulta fácil de seguir, Stephenson es un autor con un estilo peculiar, muy descriptivo, lo cual es complicado cuando el mundo es imaginario, pues requiere de un esfuerzo adicional para seguir la historia. Sus frases son largas, incluso en los momentos de diálogo, y en este caso tampoco ayuda la cantidad de vocabulario “inventado”, a pesar de contar con un vocabulario al final del libro.
A mí, como la mayoría de sus obras, Anatema me ha acabado gustando, aunque reconozco que, probablemente, no sea el libro más indicado para descubrir al autor. Para eso recomendaría el Criptonomicon, que está ambientado en el final de los 90 y la II Guerra Mundial, por lo que es más fácil de seguir.
Además, el “tocho” que resulta Anatema no lo hace el libro más indicado para transportar.











