Mis experiencias con la electrónica de consumo I: Reproductores de sonido, primera parte

Aug 03

Este es el primero de una serie de dos posts para comentar mí -igual Dani se une también después y crea su versión- experiencia con dos aparatos, en mi opinión los más representativos, de la electrónica de consumo: reproductores musicales y teléfonos móviles

Sabéis que en este blog somos algo “appleictos” (que es un palabro que se me ha ocurrido, aunque es posible que no sea muy original, para unir apple y adictos). Puede que sea que tenemos un puntito “snob”, o puede que después de comparar y ser usuarios durante años –ya vamos teniendo una edad- de “trastitos electrónicos” la famosa manzana nos haya conquistado.

He de advertir que, para variar, puede que esto se extienda un poco, pues quiero darle un toque “retro” mas allá de las meras experiencias con los cacharros. Espero, al menos, hacerlo de una manera amena.

La era “semidigital”: Walkman Sony con radio digital.

Principios de los 90, año 91 en concreto. Fui un mes a Chicago, por esto de mejorar el inglés y aproveché para comprarme un walkman –sí lo de las compras en EEUU por eso de modelos más actuales y baratos ya se estilaba hace casi 20 años- que tenía como gran novedad la radio digital.

Recuerdo que me costó unos 100$, que equivalía a 11.000 ptas –lo he comprobado- unos 70€, que entonces era pasta.

Era muy bonito: fino, para lo que se estilaba, con una pantalla y controles digitales para la radio y las prestaciones habituales para las cintas: autoreverse, sentido de giro indisitinto, modo especial para cintas de cromo, entonces las “top”, y función “megabass” para realce de bajos.

Evidentemente, tenía el inconveniente que se debía cargar con las cintas, y estas daban para menos de 20 canciones. Lo usé, pero no a diario, pues auque era delgado, abultaba y pesaba.

Estado actual: desconocido. Probablemente perdido por algún cajón o armario, pues hace años que no lo veo.

Sustituido por: Discman.

Primer aparato digital: Discman Sony.

La transición lógica del walkman era a un discman, arrinconando las cintas y sustituyéndolas por el formato más moderno del CD. Me lo regalaron en el primer año de universidad, año 94, y supuso perder movilidad respecto al walkman, pues era de los primeros modelos, en los que la aguja saltaba por movimientos bruscos, por lo que no era conveniente usarlo en movimiento, y chupaba pila que daba gusto, por lo que era mejor tenerlo conectado a la fuente de alimentación que incorporaba.

No me acuerdo cuanto costó, pero estaría alrededor de las 10.000 pelas.

Tenía una mini pantalla para seguir las pistas y la duración. Seguía incorporando la función “megabass” de Sony, se podía programar, lo cual tampoco era muy útil, al poder reproducir un único disco, o modo aleatorio.

Con un juego de altavoces portátiles, también de Sony, que sonaban de coña y se podían transportar de una manera relativamente cómoda, me acompañó durante largas horas, tanto en la faceta del estudio, pues tenía la costumbre de hacerlo con música -clásica generalmente- para concentrarme, como en la más lúdica de reuniones con los amigos. De hecho, estos altavoces todavía dan juego de vez en cuando, a pesar de que aprendí que es más cómodo comprar un cable RGA para conectar el dispositivo a una cadena, o incluso a una tele, que transportarlos.

El paso al CD supuso perder libertad, pues los CD’s tenían que ser originales y costaban alrededor de 2.000 “pelas”. Los grabadores tardaron en imponerse y para los primeros, que no vinieron en los ordenadores sino en equipos de audio, ¿Te acuerdas Dani? los CD’s vírgenes valían 700 pelas, que para un estudiante era pasta. Sin embargo ganamos en calidad de sonido respecto a las cintas, de las que no llegue a tener originales, frente a los CD’s, que todavía conservo.

Sustituido por: Juke Box.

Estado actual: cogiendo polvo en un estante, pues las pocas veces que quiero escuchar un cd lo hago desde el ordenador, una cadena musical o micro cadena, o incluso un reproductor de DVD.

El primer reproductor mp3: Creative Jukebox 20 Gb

Año 2002. Llevaba varios años siguiendo la irrupción de los reproductores mp3, que desde siempre me parecieron una gran idea. Los primeros, con memoria flash, tenían una capacidad limitada ¡Recuerdo de 16mb-32mb!, que venían a dar lo mismo que un cd, pues los ratios de compresión que se utilizaban para el mp3 eran menores.

Así que me decidí por una alternativa menos “portátil” -aunque sus dimensiones eras muy parecidas al discman- pero que tenía una capacidad brutal para la época:20gb (mi ordenador de entonces, que era del año 99, tenía un disco duro de ¡4gb!). Así que el juke podía cargar unas 5.000 canciones…

No fue, para nada, barato creo que unos 350€, pero entonces empezaba a currar y ya me podía permitir esos “caprichos”.

A pesar de las dimensiones, resultaba más pesado que el discman. Este fue de los últimos modelos que se comercializaron con pilas, que aunque de la misma creative, y recargables, no le daban demasiada autonomía fuera del enchufe. En ese momento surgieron los primeros modelos con batería, el nomad, pero costaba unos 50€ más.

Las canciones se tenían que cargar vía programa específico, algo similar al iTunes, del que tanto se quejan los antiapple, y ese mismo programa podía comprimir cd’s de audio para pasar a la biblioteca, aunque dependiendo del procesador del ordenador podía hacerse eterno.

Sonaba, y lo sigue haciendo, muy bien. Permitía la creación de listas y la importación y exportación de archivos. Vamos lo mismo que hacen los reproductores actuales.

Situación actual: Aunque han pasado 8 años, un mundo en términos de tecnología, sigue en buen uso y está casi lleno, a pesar de hacer varios años que no cargo nada. Sigo utilizándolo, sobre todo cuando me junto con los amigos, como música de fondo, gracias a la función de listas.

Sustitución: acabaré cambiándolo por un iPod Classic, ahora están en 160gb, pero no será en breve, pues este año ya tengo otras opciones de la manzana que prefiero, y tampoco es cuestión de darle todo el sueldo al “Tío Jobs”.

Como esto se está haciendo demasiado largo, corto aquí y en breve publicaremos la siguiente entrega.

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