Crematorio (Rafael Chirbes)

Apr 27

Descubrí esta novela a partir de una serie de televisión (normalmente suele ser al contrario: lees algo y después se adapta, como peli o serie). La serie, de la que además se comenta en los blogs que es una de las mejores que se ha hecho en los últimos tiempos, a nivel nacional, la tengo todavía pendiente de ver.

Había leído que el tema principal – a pesar de lo que pueda sugerir el título- era la corrupción urbanística en la costa de Levante, lo que me pareció lo suficientemente interesante para darle una oportunidad, aunque he de reconocer que por el tema a mí me evocaba algo más cercano a “A dos metros bajo tierra”.

Una vez leída he de decir que me ha gustado, aunque reconozco que no es una novela fácil –para nada- de leer. No sólo es el título, poco afortunado en mi opinión; es el estilo que se ha buscado para ella, que aunque original –eso no voy a negarlo- sí que la hace bastante difícil de leer.

La principal característica es que es una novela sin puntos y aparte. Bueno sí que tiene; pero sólo los que dan fin a un capítulo, y no son capítulos precisamente cortos, pues pueden llegar a más de cuarenta páginas. A lo mejor es que no estoy acostumbrado, pero cuarenta páginas sin un punto o aparte es algo duro, pues básicamente requiere de mucha más concentración. Incluso los diálogos, aunque no hay demasiados, van incrustados. Es una novela de unas cuatrocientas páginas, que supongo equivaldrían a bastantes más en una estructura más ortodoxa.

Aun así, he de reconocer que me ha gustado, pues está, salvando el “pequeño detalle” de la puntuación, que es una opción totalmente personal, muy bien escrita.

Supongo que el motivo de esta estructura es porque toda la novela transcurre a base de diálogos interiores, o reflexiones de los protagonistas, cuyos pensamientos se unen a los recuerdos (aquí es donde vemos sus relaciones entre ellos).

El personaje principal es un constructor, Rubén Bertomeu, que se ha enriquecido, como muchos, a base de construir apartamentos y urbanizaciones en un pueblo imaginario de la costa valenciana (Misent), por las referencias que da, entre Denia y Alicante. Arquitecto de profesión, hombre ambicioso, ha tenido que jugar sus cartas, no siempre legales, como él mismo reconoce, para haber triunfado en su profesión y haber amasado una gran fortuna. Sin embargo, no es el típico “garrulo” enriquecido por un par de pelotazos. Se presenta como un hombre culto, que tomó una decisión y la ha seguido hasta el final de sus consecuencias. Personaje complejo, que se hace difícil de odiar, por mucho que el resto de los personajes no estén de acuerdo con él o lo critiquen, aunque él se muestre mucho más consciente –en la mayoría de las ocasiones- del mundo en el que vive que ellos.

El resto de los personajes incluyen a la mujer de Rubén que tiene cuarenta años menos, es la segunda, que él; la hija, que curiosamente es mayor que la “madrastra”; el yerno, que es el biógrafo de un escritor local, antiguo amigo de juventud de Rubén; y este escritor, el tipo de escritor venido a menos, divo, que no sabe enfocar su vejez. En este sentido es curiosa la comparación frente a un Rubén, que a pesar de tener la misma edad está mucho mejor físicamente. Completan la galería de personajes un antiguo trabajador de Rubén, que conoce todos sus trapos sucios; pero que no ha sabido adaptarse a una etapa más legal, y vive enamorado de una prostituta, que también tiene un capítulo. Son dos personajes secundarios, y probablemente prescindibles, aunque el colaborador, Ramón, puede servir como contraste con Rubén.

El marco temporal de la novela en sí es muy reducido. Las reflexiones, aunque hagan referencia en ocasiones a hechos transcurridos hace años se dan en menos de un día, y vienen motivadas por la muerte del hermano pequeño de Rubén, con el que no se habla desde hace años, pues es una especie de defensor de la vida como era antes del brutal desarrollo urbanístico, posición en la que parece alinearse el resto de la familia de Rubén, aunque paradójicamente dependan de ese dinero.

Ese ha sido uno de los aspectos que más me ha gustado de la novela, que no hay “buenos” ni “malos”; es mas, los que parecen estar en la opción correcta, dependen del “malo”, que no reniega para nada de lo que ha hecho, y que, en cierta manera encuentra irónico el comportamiento de los demás. El personaje central, Ruben, es de los mejores que he leído en mucho tiempo.

Ahora sólo queda buscar la serie, sobre la que tengo cierta curiosidad, pues me parece bastante complicada de adaptar.

Recomendar, si no asustan las novelas densas, el libro

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