La Confesión (John Grisham)

Nov 02

Creo que hasta ahora no habíamos hablado en este nuestro blog de John Grisham, lo cual me sorprende pues es un autor del que creo he leído casi todos sus libros, que deben rondar la veintena.

Grisham es uno de los autores de bestsellers –una categoría que muchos, no sé por qué desprecian- de la actualidad, con multitud de obras llevadas al cine, pues sus tramas, que suelen constituir en su casi totalidad thrillers judiciales –aunque personalmente algunos de los libros que más me han gustado son los que se alejan del ámbito legal- dan bastante juego a la hora de pasar a la gran pantalla.

En la novela que nos ocupa hoy nos encontramos –en mi opinión- ante una de sus mejores novelas. No sé, y esto es una impresión totalmente personal; pero me parece que algunas de sus novelas, aunque entretenidas y casi siempre con tramas muy bien tejidas, están hechas un poco para “cubrir el expediente”, y que en otras, con temas más cercanos a sus intereses se supera.

En este caso el tema principal es el de la pena de muerte, de la cual Grisham es un ferviente detractor (en la sobrecubierta explica que es directivo de una asociación, que con la ayuda de pruebas de ADN se dedica a la revisión de casos de inocentes condenados injustamente).

Veo que he vuelto a hacer una intro larguísima sin comentar casi nada de la novela, así que allá voy.

Un lunes cualquiera se presenta en casa de un reverendo luterano de un pueblecito de Kansas un individuo, de bastante mal aspecto. Para la sorpresa del reverendo (Keith Schroeder) el individuo (llamado Travis Boyette) le confiesa ser el autor del asesinato y violación de una joven nueve años antes en un pequeño pueblo de Texas.

De este asesinato se acusó, y posteriormente condenó, a un joven negro –el tema racial es bastante importante en la trama- de la localidad. Este joven, Donté Drumm, en aquellos momentos era una estrella de fútbol del instituto (algo por lo visto bastante importante en el mundo rural de los EEUU, pues suele constituir el pasatiempo favorito de la gente de la localidad).

Además, para hacer más trepidante la trama a Donté le quedan sólo tres días para ser ejecutado.

A partir de aquí se inicia una carrera contrarreloj para que el reverendo consiga convencer a Travis, que además se encuentra en libertad condicional, por lo que no puede abandonar el estado, y enfermo de un tumor cerebral, aparentemente incurable, de que ha de confesar.

Sí, sé que he dado bastantes datos; pero no son más de los que se pueden encontrar en el resumen y primeras páginas del libro y a partir de aquí ya no desvelaré más aspectos de la trama.

A lo largo de las 500 páginas de novela (no recuerdo un libro en los últimos diez años de Grisham que pasara de las 400) asistiremos a un vibrante thriller, que es a la vez uno de los alegatos más feroces contra la pena de muerte que he leído.

Grisham ya tocó el tema en “Cámara de Gas” (que se llevó al cine con Gene Hackman y Chris O’Donnell como protagonistas) y allí ya hacía una fuerte crítica con un personaje totalmente culpable y odioso. También tocó el tema de los errores judiciales que condenan a inocentes en “El Proyecto Williamson”, que era una novelización de un caso real. Aquí funde con maestría los dos temas.

Elige para ello el estado más activo con la Pena de Muerte, Texas, que es donde se producen más ejecuciones al año, y el tema racial, pues la mayoría de condenados son negros de clase social baja.

En la novela vemos como la Pena de Muerte se ha instrumentalizado por parte de la clase política y de los fiscales (que al fin y al cabo también han de ser elegidos por votación popular) para conseguir votos, pues es un tema del que hay mucha más gente a favor que en contra, a pesar de que se ha demostrado que el sistema falla y que se ha condenado a inocentes. Tampoco quedan nada bien los medios de comunicación sensacionalistas, que se dedican a hacer amarillismo de la mayor calaña con las familias de las víctimas.

En este caso, a pesar de que está claro que la confesión que condena a Donté está obtenida bajo coacción por la policía y que el fiscal juega también sucio para obtener la condena, el proceso pasa por la mayoría de tribunales de apelación, que confirman el veredicto, y por un gobernador, totalmente carente de escrúpulos morales, que sólo piensa en la reelección, y que sabe que gran parte de su electorado no ve con buenos ojos los indultos, por muchas dudas que haya sobre el acusado.

Por otro lado, también hay activistas contra la pena de muerte, como el abogado de Donté, Robbie Flak, que tras hacer fortuna demandando compañías se dedica a defender a acusados sin recursos, y todas las organizaciones anti pena de muerte, que luchan para que el sistema se cuestione y, por lo menos, revise.

Es curioso también el poco valor que se le da, dentro del proceso judicial, a la inocencia o culpabilidad, pues el que un culpable quiera confesar, no sirve para exonerar a otro condenado, que no ha parado de proclamar su inocencia. Una cruel ironía, en el caso del libro.

A pesar de ser un tanto anticlimática en su último tercio la novela consigue mantener el interés hasta el final, en el que las diversas tramas quedan cerradas, y al final resulta haber unas cuantas.

El autor no es imparcial, ni pretende serlo, antes el tema, a pesar de lo cual reconoce implícitamente la complejidad del asunto, que está bastante más arraigado de lo que parece en la mayoría de la población.

En resumen, es un thriller diferente, y una novela que seguro da que pensar.

Yo he estado leyendo un par de días hasta altas horas de la madrugada, y me costaba dejarla, sobre todo la parte contrarreloj para parar la ejecución.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *