Los Litigantes (John Grisham)

Feb 24

John Grisham es otro de mis autores de referencia, es decir, desde hace tiempo procuro leer todo lo que publica. Aunque es famoso y millonario, gracias a sus obras de ambientación legal, a mí me ha sorprendido con alguna en las que se permite salirse del guión y tratar temas diferentes, si bien estas obras suelen ser más cortas, o pasan más desapercibidas para el gran público.

A estas alturas, y después de una veintena de novelas, no podemos esperar demasiadas sorpresas, en forma de temas nuevos; pero siempre sabe – aunque los haya tratado- abordarlos desde otro punto de vista, o incluso mezclarlos y este es el caso, en el que se ven aspectos que resultan familiares.

Además, vamos a aprovechar, nuestro último post, pues hay elementos comunes, si bien Grisham los trata de una manera menos “amable” que en la serie

En este caso tenemos un thriller basado en las acciones colectivas, de las que Grisham –y creo que con razón- no es ningún gran fan. Este tipo de acciones son relativamente populares en EEUU y sirven para demandar a grandes corporaciones por productos defectuosos que causan daños a una multitud de particulares, que se unen en la demanda para conseguir acuerdos multimillonarios. Los grandes beneficiados en este tipo de demandas son los abogados, que van a comisión sobre el resultado. Evidentemente, y como ya comenté en el otro post, aquí la justicia, o la verdad, es lo de menos. Se trata, al menos en las novelas –que no creo que sean demasiado diferentes a la realidad- de ganar sin importar como. Que para eso hay mucha pasta en juego.

En la novela se juntan varias tramas. El protgonista, David Zinc, es un joven abogado que trabaja en un bufete “factoría”, esos con miles de abogados súper especializados. David explota un día, y a pesar de estar más que bien pagado decide abandonar. Por circunstancias acaba en un bufete (Finley & Figg) de tercera regional, comparado con el suyo de Champions. Es un sitio de subsistencia en el que sus dos únicos socios malviven a base de negociar divorcios rápidos, indemnizaciones por accidentes de tráfico y rutina legal simple, que los lleve al juzgado lo menos posible.

Sin embargo un día se presenta un caso sobre los posibles efectos secundarios adversos de un fármaco. A Figg se le hace la boca agua, cuando ve la posibilidad de abrir una acción colectiva que le permita pegar el “pelotazo” que siempre ha soñado.

Sin embargo, la compañía que fabrica el fármaco, harta de acciones colectivas, y de los buitres que los representan, no está dispuesta a ceder tan pronto esta vez, y quiere dar una lección al colectivo de las acciones colectivas, para lo cual tramará un plan, que acabará afectando de lleno a Finley & Figg.

Sin entrar en demasiados detalles más sobre la trama, tampoco es cuestión de contar varias de las sorpresas que encierra el libro, este resulta bastante entretenido y presenta diferentes visiones del estado de la “industria” -vuelvo a repetirlo no encuentro una palabra mejor- legal. Es alucinante lo que puede llegar a costar un juicio de estos, con testigos “expertos” dispuestos a testificar, jugosos honorarios mediante, lo que haga falta.

Grisham tiene cierta simpatía por el joven Zinc, por querer salir de esa vida de esclavo (a precio de oro, eso sí) y cambiar. Además, a pesar de ir a parar a un sitio donde la ética brilla por su ausencia se mantiene bastante cuerdo, y de hecho, guarda para él una agradable sorpresa, y hasta aquí pienso contar.

Respecto a los abogados de litigios no es la primera vez que muestra su desagrado ante ellos, tanto que incluso prefiere a las grandes corporaciones, que no salían demasiado bien paradas en otras de sus obras anteriores.

A mí, el libro me ha gustado bastante. A los fans no los defraudará, y a los que no son fans; pero disfrutan de un buen thriller legal, creo que también lo disfrutarán.

Eso sí, si alguien busca algo parecido a la justicia, que se olvide. Aquí todo, hasta en el personaje más idealista, va en torno a la pasta y siendo un poco cínicos ¿Qué no gira en torno a la pasta hoy en día?

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