En la orilla (Rafael Chirbes)

Sep 06

La novela que traemos hoy podría considerarse la “secuela” -y lo pongo entrecomillado, pues estaríamos hablando de una secuela bastante particular- de Crematorio, anterior obra del autor y que también tratamos aquí.

Se trata de una secuela, en la medida en la que los personajes se mueven en el mismo lugar imaginario creado por al autor, (un pueblo interior llamado Olba y otro costero llamado Misent), que por las descripciones que da se situaría en la zona en la que vive el autor (un pequeño pueblo de Alicante, Beniarbeig, que está cerca de Dènia). Cerrado este pequeño apunte geográfico vamos a centrarnos en la novela.

En la orilla

Si en Crematorio el tema central era la corrupción urbanística en la zona de Levante, asociada a los años del “Boom”, en este caso la novela se centra en las consecuencias de este “pelotazo”, una vez que la burbuja del ladrillo hace explosión.

Así, si la historia de Crematorio era la de la evolución de un constructor que se había ido enriqueciendo, llegando a su máximo en la época del boom, sin preocuparle demasiado –a pesar de ser plenamente consciente- de las consecuencias morales de sus negocios, aquí la historia se centrará en un pequeño empresario arruinado por el afán de querer unirse a este club de Nuevos Ricos.

Es una novela en la que el fracaso está muy presente, así como la miseria que sufre mucha gente, como consecuencia de la crisis. El narrador no toma partido, ni se compadece de estos personajes –en ese sentido es bastante aséptico- si bien constata, a través de su protagonista que hay gente que ha sabido desenvolverse bien en ese contexto, teniendo éxito económico a pesar de haber utilizado métodos moralmente reprobables.

El personaje principal asume, de una manera bastante estoica, el resultado de sus acciones. Ha jugado, ha perdido y lo acepta.

En cuanto a la manera de narrar la historia la estructura hay una pequeña introducción, que una vez leída la novela sabremos que es lo que cronológicamente ocurre más tarde, una parte central, de casi 300 páginas y sin numerar los diversos capítulos, y una especie de epílogo, que en realidad es el cierre de la historia de un personaje secundario, aunque ha tenido bastante que ver en el desarrollo de los acontecimientos.

El estilo es muy similar al de Crematorio: con párrafos muy extensos, sin recurrir prácticamente al punto y aparte, y con los diáologos –que son escasos- incrustados en estos párrafos, aunque sin ser tan “radical” como lar primera. El estilo intenta reflejar, en mi opinión, los pensamientos del protagonista y, en contadas ocasiones, los de algún personaje secundario.

Es a través de la mirada del protagonista como conoceremos al resto de personajes, pasados previamente por el “tamiz” del narrador, creo que son más un recurso para sacarnos de la rutina (400 páginas de pensamiento interior pueden resultar muy áridas si no se intercalan “distracciones”).

No es una novela “fácil” de leer, en el sentido de que se le debe prestar bastante atención para no “perderse” entre tanto pensamiento, y que da pocos momentos de “respiro”, al carecer casi totalmente de diálogos, por lo que no gustará a todo el mundo.

A mí, personalmente, me ha gustado, aunque reconozco que estas poco más de cuatrocientas páginas “cunden” como más de 500 de otras novelas con más “acción”, y nótese que llevo un rato abusando de las comillas; pero es lo que creo necesito para enfatizar la opinión.

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