Los Innovadores (Walter Isaacson)

Jan 20

Este libro -que después de leer he de reconocer que  no es apto para todos los públicos- llamó mi atención, desde la primera reseña que vi sobre él.

Walter Isaacson, el autor de la biografía de Steve Jobs (que os contamos aquí) se había embarcado en un nuevo proyecto relacionado con la tecnología y que iba  a tratar de la historia de la informática, aunque él lo ha preferido llamar “Los Innovadores”, pues está dedicado a todos aquellos, visionarios en la mayoría de los casos, que han contribuido a la revolución tecnológica que ha transformado, en relativamente poco tiempo, la sociedad de una manera radical, a la hora de generar, procesar, interpretar o compartir la información. Una revolución, positiva para algunos, negativa para otros, pero de las que pocos dudan de su impacto y calado histórico.

El reto de contar todo esto, según cuenta el autor, estaba en su mente desde tiempo antes de empezar la biografía de Jobs (él mismo reconoce haber sido responsable en el grupo Time de la primera implantación del mundo digital, aunque fueran un poco inconscientes de lo que tenían entre manos) y quizá por el empujón y reconocimiento de este libro se ha decidido a completarlo.

los innovadores

Es una obra compleja, pues al no estar centrar en un personaje, sino en, literalmente, cientos la dificultad, e incluso el enfoque, son bastante más complejos, y generan un libro que es para ir tomándose –al menos en mi caso- con calma, ya que la abundancia de datos puede llegar a saturar.

Sin embargo la manera de contarlo hay que reconocer que está bien planteada. Es una obra coral, en la que el autor intenta huir de conceptos como “el inventor del ordenador” o “el inventor de Internet”, que dice son discusiones que aportan bastante poco, pues no hay “un padre universal” y sí gran cantidad de gente, cuyas aportaciones fueron fundamentales.

Las raíces se extienden hasta Ada Lovelace, hija de Lord Byron, y de las primeras en imaginar lo que hoy sería un ordenador, si bien ella se basó en las primeras ideas de “máquinas lógicas” de Babbage o incluso Leibniz.

Poco a poco, diversas iniciativas a lo largo de inicios del S XX irían llevando a máquinas cada vez más complejas, al principio totalmente mecánicas, pues no existía el transistor capaces de realizar operaciones matemáticas más y más complejas e incluso de poderse “programar” para diferentes cálculos.

Además, lo que siempre queda claro es que el avance se da en varias “ramas”, no siempre de manera simultánea, pues al surgir estas máquinas se empezarán a plantear temas como el de la “inteligencia artificial” (tema del que hablamos algo de pasada en nuestro último post, pues Alan Turing es uno de los personajes que aparecen en el libro) que siguen presentes en nuestros días, y sin haber resuelto preguntas planteadas hace más de cincuenta años.

La revolución del transistor provocará que las máquinas cada vez puedan ser más pequeñas, sus costes disminuyan, e incluso lleguen a difundirse al “gran público”, algo que hasta hace 30 años muy pocos se planteaban, entre otras cosas porque los ordenadores eran para “nerds”.

Aparte del “hard” hay capítulos dedicados también al software, que en principio era como “el hermano pobre”, para acabar siendo, lo que conocemos ahora: el principal protagonista.

Otra parte importante del libro está dedicada a la evolución de las redes, y como la comunicación entre ordenadores, o la revolución de Internet era algo que en sus inicios ni siquiera se planteaba, siendo el uso principal de esta comunicación militar (la primera red era Militar) o universitaria, mundos poco accesibles al gran público.

La conjunción de ordenadores personales y un protocolo universal para conectarlos, creado para fines académicos, junto con las ideas de que eso se debía extrapolar dio lugar al Internet que hoy conocemos, y que hace que –sin ir más lejos- estas palabras puedan llegar a cualquier lugar del mundo.

Las tesis que subyacen, de forma continua en el libro son la cooperación, a veces voluntaria, a veces involuntaria, el empeño de muchos, gran parte desconocidos para el gran público, y la conjunción de intereses tan dispersos como pueden ser los del Ejército de EEUU con la contracultura Hippie de los 60, pero que buscando fines diferentes contribuyeron, cada uno a su manera, al gran cambio.

Desde luego es un libro curioso y recomendable. Eso sí, hay que tomárselo con calma.

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