El Francotirador (Chris Kyle)

Apr 30

Normalmente la secuencia de posts sobre una película, y el libro en el que se inspira/basa/tiene su origen –que cada uno ponga lo que quiera- suele funcionar en ese orden: primero veo la peli, si me gusta compro el libro; escribo el post de la peli, y después (entre otros motivos por el tiempo que lleva leerlo) el del libro.

El francotirador

En este caso debería ser así también, pues ha sido justo la secuencia de acontecimientos: vi la peli, la historia me llamó la atención como para leer el libro y ya lo he acabado. La diferencia es el retraso que llevo en los posts, por lo que no está escrito (y la peli la vería hace ya más de un mes) todavía ninguno de los dos, así que me voy a saltar el orden, y voy a empezar por el libro, para cambiar, y porque me puede venir bien para las referencias en el de la peli.

Después de otra “intro”, que me ha quedado pelín larga vamos a hablar del libro, que por si alguien todavía no lo sabe –algo extraño si ha llegado hasta aquí- son las memorias del, hasta ahora, francotirador más letal -pues ya se sabe que los récords están para batirlos- en la historia del ejército de los EEUU.

Este “honor” y pongo las comillas porque para algunos más que un honor será un horror, corresponde a Chris Kyle, que sirvió en una de las unidades más famosas de ese ejército, los SEAL.

El personaje resulta, cuanto menos, curioso, ya que tiene como principios, y en este orden: Dios, Patria y Familia. Aquí por la décima parte de eso muchos te calificarían ya directamente de fascista, pero supongo que allí, no es algo excepcional.

Kyle, siempre en primera persona (aunque después reconoce que tuvo la ayuda de dos escritores profesionales) nos va contando como, después de haberse criado como un “vaquero” en Texas, habiendo incluso competido en rodeos, decide alistarse en la Marina, para ser un SEAL. Después de pasar unas pruebas durísimas -aunque si hay algo que predomina en el libro es que nunca se “jacta” de lo que consiguió- consigue ingresar, y ve sus “deseos” de servir a su país cumplidos, cuando después del 11-S es enviado a Irak.

Ahí conocerá la realidad de la guerra, que ni cuestiona, pues ese no es su trabajo, ni glorifica. Él es solo un profesional, que está preparado para cumplir las órdenes que le den, sin cuestionar su moralidad o sentido.

Después de una primera misión, en la que descubrirá su “talento” como francotirador, será adiestrado en esa especialidad, convirtiéndose, en el resto de ocasiones en las que está ahí en el mejor, o al menos el más prolífico, en todo el ejército. Él nunca se ve como el mejor, pues dice que en teoría hay mejores tiradores, atribuyendo parte de su mérito a la “suerte”, sobre todo a la hora de que le surjan blancos. Al final parece que los “malos” como él los llama no hagan más que aparecer delante de su punto de mira, y aquí sí que explica que no se puede ser un “gatillo loco”, pues disparos indiscriminados sin justificación los podían llevar a un consejo de guerra con penas que podían llegar a la muerte.

Él no acaba de ver claras algunas de estas reglas, sobre todo porque parece que un par de ocasiones están a punto de ponerlo en problemas; pero al final se libra de las consecuencias.

Pero no todo es guerra y tiros en el libro. Una parte importante cuenta los problemas para conciliar esa vida tan extrema con su vida familiar, pues está casado, y entre misión y misión tiene dos hijos, uno de los cuales nace unos días antes de partir a una misión, y el otro mientras está en otra.

El libro no es, desde luego, para todos los públicos; pero no deja de ser curioso, si estás mínimamente interesado en el mundillo militar.

El estilo es directo, cercano, y en ocasiones con un sentido del humor con un puntito irónico que, al menos a mí, me ha gustado bastante.

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